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Guerra Ucrania o ¿por qué nunca hay guerras entre democracias?

Hace unos días en la Fundación Areces he asistido a  una  conferencia sobre La Guerra que estaba moderada por el catedrático de Filosofía Fernando Savater y llevada a cabo por los ponentes Félix Ovejero, profesor de Filosofía política y Gabriel Tortella, catedrático de Historia Económica. Asistí motivada por saber si personas cualificadas podrían arrojar luz sobre la Guerra de Ucrania, por la razón por la que se  ha desencadenado hace un año una guerra a las puertas de Europa.

Para los asistentes, el gen agresivo de los seres humanos es una de las causas principales de cualquier movimiento violento, y por lo tanto de las guerras, desde nuestros antepasados, comenzando por Caín y Abel y continuando por guerras tan conocidas y antiguas como la de Troya. Guerras a lo largo de la historia terribles que han producido masacres y violencias continuadas.

Sin embargo hasta hace pocos siglos, los motivos de la guerra tenían mucho que ver con el bienestar, el conocimiento, el poder… Sin embargo en la actualidad el ser humano ha entrado en una contradicción, porque ese conocimiento que le aleja de la guerra, también le acerca a una guerra aún más devastadora, la guerra de las maquinas destructivas, las que convierten cualquier conflicto bélico en un problema de supervivencia de la especie.

Salvo excepciones, las guerras no las provocan los países democráticos, sino los autoritarios. Si focalizamos en el caso de la Guerra de Ucrania provocada por Vladimir Putin, según Ovejero, «las razones son varias, pero las principales son internas. El presidente de Rusia llegó al poder democráticamente pero el temor a perderlo, le ha hecho un dictador. La sociedad rusa tiene problema internos, es un país subdesarrollado y hay una parte de la población que quiere democracia y se ha sentido engañada por Putín. Una guerra le resuelve varios problemas: primero convertirse en un héroe, porque defiende a la nación de un enemigo común (aunque lo haya creado él), como le pasaba a Napoleón o Hitler y la guerra es la forma de mantenerse y seguir en el candelero«.

Además el autócrata ruso tiene un complejo de inferioridad tremendo porque ha perdido el imperio soviético, y los antiguos países satélites se han pasado al otro lado y eso le pone enfermo, y a los que le siguen piensan lo mismo: «que se debe recomponer el imperio soviético que a la vez es una recomposición del imperio zarista» -añade Ovejero-.

No hay nada que moleste más a un dictador que la democracia, ya que ésta pone en peligro su poder. Esta es la razón por la que Putín habla de occidente como si fuera la encarnación de todos los males y depravación. Por su parte Europa no quiere la guerra pero ayuda a Ucrania porque lo consideran la última frontera.

La humanidad siente un impulso pacifista gracias a su bienestar y a la inmensidad de las armas existentes con las cuales se podría destruir gran parte del mundo. Por esa razón la Comunidad Internacional ha creado mecanismos de Derecho Internacional para resolver los conflictos. Los países democráticos están en esta vía.

«Creo que es posible un mundo sin guerras porque hay instrumentos legales y jurídicos»
-Félix Ovejero-

Sin embargo, aunque la teoría del loco que nos lleva a la guerra esta muy extendida, según Tortella, cualquier iluminado precisa de una tribu que le siga, y siempre hay personas que por una razón y otra, casi siempre interesadas, obedecen. Se trata de fenómenos gregarios que se dan en todas las épocas, «porque la discrepancia no se aguanta y existe un racismo instintivo como defensa con respecto al diferente». Casi siempre se va a la guerra por intereses personales, económicos, y después se monta una argamasa ideológica (cultural, religiosa, etc)  alrededor para justificar lo que se hace.

En definitiva la guerra de Ucrania esta creada para perpetuar a su instigador, habrá muchos muertos antes de que termine. Nadie se aventura a pronosticar en que momento lo hará.

 

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