Comer en tiempo de crísis.


Como no hay mal que por bien no venga, en plena crisis económica, ya por fin reconocida por el Señor Solbes, Ministro de Economía y Vicepresidente del Gobierno, comer bien y barato puede ser un ejercicio estimulante, que nos conducirá directamente a la cocina casera de toda la vida con la utilización de productos de temporada, compra según precios en Mercados tradicionales y Supermercados para otros productos y en definitiva: un poco de sentido común.

Los informes indican que el consumo va por otros derroteros: ha aumentado en un 35% el consumo de comida preparada de baja calidad; estando en la cabeza de la obesidad infantil europea, no es ése el camino para comer bien y ahorrar dinero. Si me admiten un pequeño consejo, les daré unas directrices para comer bien ahorrando: En primer lugar hacer una lista de las necesidades de comida mensuales, si se desea dejando un margen para la compra ocasional de productos frescos. Una familia de cuatro personas podrá necesitar a la semana (después se multiplicará por cuatro): 7 litros de leche, 10 kilos de patatas, 2 docenas de huevos, 1 kilo de legumbre (una semana podrá ser garbanzos, otras lentejas, judías…); 10 kilos de fruta variada, 5 de verdura variada, lácteos: los mejores los yogures naturales (más económicos e igual de nutritivos y si se hacen en casa mejor aún); fiambre, quesos, azúcar, sal, harina, refrescos: en época de crisis mejor agua (más sana y económica) carne, pescado y huevos. Una vez que tengamos la lista completa, decidiremos qué día de la semana vamos a ir a comprar: ¿viernes por la tarde?; sábado por la mañana. Evitar comprar en  las horas en las que tengamos más hambre y evitar igualmente ir con niños a la compra: que siempre se les encapricha algo. Finalmente atender a las recomendaciones de las Asociaciones de Consumidores: la fruta y la verdura es más económica en los mercados tradicionales; sin embargo el pescado y la carne, al tener una red de distribución mayor, es más económico en las grandes superficies, pero también es cierto que al no disponer de una persona que te asesore muchas veces compramos productos de menor calidad y aprovechamiento. Los huevos tienen precios similares en todas partes, mi consejo es comprarlos de gallinas camperas, sólo cuesta dieciseis céntimos más cada uno y son reamente ricos.

    ¡Cuidado con las ofertas!; vayamos a comprar sólo lo que nos interesa! porque muchas ofertas son ganchos de consumo, que esconden productos de poca utilidad en el hogar.

Los congelados son muy útiles si realmente los necesitamos, las empresas de venta de congelados son las más económicas, tipo La Sirena, y también las que disponen de mayor variedad. Son muy útiles los congelados de gambas, los lomos de bacalao desalado, por ejemplo, pero son menos adecuadas las croquetas, empanadillas, etc. Su valor nutricional suele ser muy bajo y en casa las podemos hacer y congelar quedándo estupendamente y con un precio muy bueno.

La congelación es un gran aliado en el ahorro del hogar, la razón es muy sencilla, si vemos que hay una pescadilla estupenda a buen precio, comprémosla aunque no vayamos a utilizarla inmediatamente, que nos la corten bien y la congelaremos por raciones, lo mismo sucede con el pollo. Si sólo necesitamos dos filetes y el kilo esta de oferta, compremos un kilo y congelemos por raciones el resto. Muchas personas que viven sólas o en pareja se quejan de que comer les cuesta más, la congelación es una buena fórmula para gastar muchísimo menos.

Los dulces, por los que algunos sentimos debilidad, son más sanos si se hacen en casa, el mejor desayuno por la mañana es el pan, comprar barras, cortarlas en rodajas y tostarlas cuando las vayamos a utilizar es una buena idea, después podremos ponerlas aceite, un poco de mermelada, miel, queso fresco… Si nos gustan los bizcochos, magdalenas, etc; lo mejor es hacerlos nosotros un día a la semana, son muy fáciles de preparar, mientras el fin de semana recogemos todo lo de la compra batiremos en un bol 3 huevos, un sobre de levadura, 1 yogur, la misma medida de aceite, dos de azúcar y tres de harina, se ralla un poco de cáscara de limón, se bate, se pone en un molde en el horno durante veinte minutos a 200º y ya esta, tenemos un dulce para toda la semana y sano. Además, a los niños les encanta hacerlo.

Las marcas blancas de los buenos supermercados son una maravilla, igual de calidad y a nosotros qué más nos da la publicidad.

El café comprado en envases de mayor cantidad, el pan de molde (no lo aconsejo porque es más caro que el pan normal y menos sano), el atún, las bolsas de patata y un largo etcétera se pueden comprar mes a mes y son más económicos en envases familiares.

Sugiero que compremos con dinero en vez de con tarjeta y seguro que ahorramos, cuando pagas con un trozo de plástico no tienes la sensación real de lo que cuestan las cosas… También que se lleve un control de lo que se gasta en comida en cuadernito, que se ponga el dinero previsto en un sobre y que se vaya gastando de ahí, para intentar no pasarnos del presupuesto.

Cerremos los ojos por un momento y pensemos qué tenía nuestra madre en su despensa cuando nosotros eramos pequeños, ¿bolsas de basura perfumadas?, ¿galletitas en envases individuales con un poquito de nocilla?, ¿ensaladas hechas?: No. Tenían productos básicos de buena calidad, comprados para lo que se denominaba: “el apaño”; “Ya tengo el apaño para la comida de esta semana”. Un día cocido, otro pollo en salsa, otro guiso de coliflor con patatas y bacalao, de postre fruta y de merienda bocadillos. La cena sopas, cremas y verduras, con huevos o pescado. Nada de pizzas, nada de comida preparada… y eran tiempos de posguerra, cuando la supervivencia estimulaba la imaginación, con poco dinero ¡qué bien se comía en las casas!.

Quiza la crisis económica nos ayude a comer mejor, a utilizar los alimentos de temporada que son los más ricos y los más baratos, ¿melones argentinos en febrero?: en febrero por favor, naranjas de Valencia más adecuadas para ayudarnos a combatir los fríos invernales, más baratas, más cercanas: en definitiva más ecológicas porque al estar más cerca se gasta mucha menos energía en transportarlas.

Mejor un chicharro que merluza, mejor un filete de pollo a la plancha que embutido, mejor unos macarrones con tomate natural (que podemos hacer una vez al mes y congelar) que una pizza precocinada, comer bien no tiene porque ser más caro, sólo puede ser más cómodo.

Animémonos a preparar platos ricos y económicos, casi como un reto, casi como una aventura… tu bolsillo y tu salud te lo agradeceran

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