Con el inicio del curso escolar, nuevos propositos de “enmienda”


Incluso más que al iniciarse el año, septiembre es el mes de los cursos de inglés, empezaré el gimnasio, de ahora no pasa: voy a aprender a conducir, voy a aprender a cocinar… Llenos de energía tras las vacaciones, los españoles incluso hemos recuperado la confianza en la economía, según indican las encuestas, está muy bien, pero ¿no es cada año igual?, ¿cuantos números uno de cursos de idiomas tenemos arrinconados en casa?. Se inician las colecciones de abanicos, casas de muñecas, soldaditos… ¿quién las termina? No es que con esto quiera desanimar a nadie, Dios me libre, pero hemos de reconocer que imaginamos un mundo para nosotros y nuestra familia que luego, el día a día no nos permite realizar.

Mi familia y mis amigos se ríen porque hace ya meses que les dije que voy a empezar una nueva vida, dicen que siempre digo lo mismo y que al final no paro de trabajar y no tengo tiempo para nada, pero ahora sí es cierto, ¿les ocurrirá lo mismo a los demás?. Es posible que, en un momento determinado, miremos hacia atrás y veamos un cúmulo de trabajo, como una montaña informe. Si miro el camino recorrido me doy cuenta que los momentos más felices de mi vida han sido los que he compartido con mis amigos, con mi familia, los que he contemplado una puesta de sol en el mar, cuando he estado con mi pareja: nada de espectaculares presentaciones, nada de premios, nada de homenajes… el abrazo de mis hijos, las risas con mis hermanas…

Quizá si uno es lo suficientemente listo y aprende, puede llegar a la conclusión de que es posible cambiar de vida. Quizá no sea posible cambiar de casa, de trabajo, de pareja (cada uno tiene sus razones), pero sí es posible cambiar nuestra forma de vivir nuestra propia vida. Los niños se hacen grandes y qué hemos compartido con ellos, ahora queremos, pero ellos no tienen costumbre, no saben…

En la gastronomía es lo mismo, para cuándo organizar una comida todos los domingos para la familia, cada día en casa de un hermano para que no haya tanto trabajo, aunque sea el primer domingo de cada mes (que hay más fondos), sin motivo aparente, sin necesidad de que se case nadie, de que se muera nadie… Todos lo sabemos, los mercados tradicionales tienen los productos frescos más baratos y más ricos, cada año nos decimos, vamos a ir al menos dos veces al mes, ¿lo hacemos? Hagámoslo, cambiemos la inercia de hacer lo de siempre, igual con aprender a cocinar, abramos ese libro de cocina que lleva años rodando y hagamos una receta que nos apetezca comer, cuando se empieza a cocinar no se para, ¡¡¡es tan gratificante!!!. Por qué no dejar de comer “sota, caballo y rey”, y empezar a probar otras cosas, cocina internacional, por qué no hacer un día al mes una comida los domingos internacional, hoy México, hoy India, hoy Marruecos… hacerlo nos obligará a mirar donde esta el país en el mapa, qué costumbres gastronómicas tienen, qué productos son los más habituales y por qué, donde hay tiendas que los tengan (ahora casi en todos los supermercados), podremos cocinar esas recetas en familia, poner música del país, incluso si nos apetece vestirnos con algún detalle del mismo… Es algo divertido, ayudamos a nuestros hijos y a nosotros mismos a adquirir cultura y además compartimos tiempo en familia.

Si la familia come bien está la mitad del hogar hecho, una buena comida propicia la comunicación, si se cocina entre todos además se produce “la comunión”, que no es más que compartir el alimento propio.

Algo similar sucede con las dietas, es tan fácil mantener el peso correcto, todos lo sabemos, Valentin Fuster dice en su libro “La ciencia y la vida” que las claves para mantener una buena salud estan en tres aspectos: el físico, el intelectual y el espiritual. El cuerpo se cuida con ejercicio, alimentos sanos y quitándose costumbres insanas: tabaco, alcohol…; el aspecto intelectual ejercitando nuestra mente, con lectura, escritura, crucigramas… y el espiritual: reflexionando, relajándonos, viviendo con armonía.

Hay un punto de inflexión donde sabemos qué esta mal en nuestra vida, y debemos cambiarlo. A veces vivimos corriendo detrás de nuestra vida, como si ésta no nos perteneciera, como si la pertenecieramos nosotros a ella y tuvieramos que hacer lo que nos manda, pero resulta sorprendente cuando empiezas a querer cambiar de verdad cosas, cuando decides: “Yo no quiero tener un horario todo el día”, y empiezas a buscar un trabajo en el que trabajes ocho horas pero solo por la mañana y por la tarde, cuando lo consigues, te das cuenta de que puedes cambiar las cosas, y si decides que no vas a comprar más en el supermercado “city” de turno, a última hora y cualquier cosa, y vas comprar a un mercado los sábados por la mañana o los viernes por la tarde que no trabajas… qué buena idea, es una sensación muy agradable cuando el frutero, el carnicero o el charcutero saben lo que te gusta, cómo quieres los cortes, te llaman por tu nombre y te dan hasta recetas… eso también cambia nuestra vida, porque la vida no está hecha de una semana al año de vacaciones, está hecha de cientos de pequeñas cosas cada día, de un paseo, de una lectura, de una buena comida compartida, de comprar con alegría…

Se inicia un nuevo curso escolar, y esta vez SÍ pienso cambiar las cosas, yo tengo propósitos de enmienda, ya no tengo más excusas: buenos alimentos, tiempo para prepararlos y cocinar en familia, ilusión por aprender a hacer sushis y cócteles, ¡tantas cosas!

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