¡Por fin las vacaciones! Bienvenidos la olla y los helados


Este verano, como pocos, me siento agotada… No sé si son las vacaciones que al aproximarse nos preparan el cansancio, o soy yo que llego exhausta a lo que van a ser mis vacaciones, amenazo no sólo con no llevarme ningún libro sino que además no pienso ni leer el periódico.

Como el mundo se acaba antes de empezar agosto, hay que entregarlo todo con urgencia para que duerma en un cajón hasta que en septiembre se empiece a trabajar con ello.

Quejas aparte, hay dos cuestiones que quiero compartir con todos vosotros, por un lado el descubrimiento en verano de la “olla rápida”. Durante años la he tenido muerta de risa en un armario, pero con las “vacas flacas” (no tengo tiempo ni de respirar, que es como decir no tengo tiempo ni para cocinar), he tirado de ella (que me miraba desconsolada por el abandono). Todo se cuece en un instante, con lo cual no pasas calor en la cocina, y además tiene la ventaja de que no hay que vigilarla excesivamente: pones los ingredientes, le das al máximo, retiras el fuego cuando todos los anillos estan fuera y ahí la dejas. Cocina casi sola. Podría negar que lo he dicho, pero es un buen invento, sobre todo cuando quieres estar el mínimo tiempo en la cocina por la razón que cada uno elija: el calor, la falta de tiempo, el cansancio… Un pollo guisado: rehogas el pollo con una pastilla de caldo de ave desmenuzada, para que dore más añades tres zanahorias peladas y partidas, un pimiento hecho trozos, dos tomates pelados y el zumo de dos limones. Dejas cocer cinco minutos, quitas el fuego y listo. Las lentejas con verduras otros cinco minutos, el magro con tomate natural igual… rápidisimo, esta de sabor aceptable (nunca es lo mismo que el chup-chup que no me he vuelto loca), pero nos cubre el expediente.

También quisiera hablaros de los helados de Andres Sirvent. Este heladero esta en Calahorra, aunque es de Jijona, biznieto de “nieveros” (los que vendían la nieve) y un auténtico artesano de la heladería. Saltó a la palestra hace dos años por ganar uno de los premios más prestigiosos del mundo: el Concurso Internacional de Cocina Gelato in Tavola, el que se da en Remi, Italia, en la prestigiosa feria Sigep, dedicada al sector de la Heladeria y Pastelería, que hasta ahora siempre conseguían los heladeros italianos y que gracias a él lleva viniéndose a España dos años consecutivos.  Mucho antes de ello, la Reina ya degustaba su maravilloso helado de Hinojo o el Sultán de Brunei recibía sus helados en su “palacete”. Bueno, el caso es que he estado con Andrés hace unos días en su humilde heladería, él y Esmeralda hacen ellos solos los helados,  !qué maravilla!.

Tentado desde diferentes países, restaurantes, escuelas de cocina y todo lo que se pueda imaginar, Andrés elige levantarse cada día a las cuatro de la madrugada, ir a comprar al mercado y hacer sus helados, tanto para surtir su heladería como para enviárselos a los diferentes restaurantes que se los piden. Cuando le preguntas por qué no crea un equipo y vende sus helados al mundo,  responde: “Porque los helados no estarían igual de buenos”.

A veces a mí también me preguntan por qué no creo un equipo para hacer mis libros o artículos, y siempre respondo como Andres: porque no serían iguales. Podría titularlos bonitos, podría adornarlos… pero no sería igual, cada coma, cada palabra esta medida, buscada, reeleída y sobre todo escrita con interés y amor. Si tengo una duda con cualquier concepto, la miro y la remiro, busco documentación y me pongo “muy pesada” hasta que consigo descubrirla. Así hago yo mis libros, así habló en la radio y así escribo mis artículos con pasión y esfuerzo, como Andrés hace sus helados, y no me resisto a decirles algunas de sus variedades: yogur con melocotón, nata, turrón, pétalos de rosa, mandarina, manzana asada, cuajada, frutas del bosque, chocolate blanco, uvas, mojito, pimientos del piquillo, tiramisú, espectacular el de pistachos… bueno todos ellos espectáculares… la pena es que mis libros no se comen, aunque con ellos se puede aprender a comer. Y yo, con mucho esfuerzo, también puedo comer de ellos.

Volviendo a las vacaciones, tengo que decir que este año me he empeñado en ir a Denia o por la zona, tengo algo más que capricho por comer en “Casa Pepa” en Ondara, al parecer sus arroces son los mejores de la zona. Pepa también es como Andres y yo, una apasionada de su trabajo. El otro día me decía que no podía estar sin hacer arroz cada día, incluso cuando no esta en el restaurante… menos mal que yo no llego a tanto y creo que no escribiré cuando este de vacaciones… ¿o sí?