Tras la tempestad llega la calma.


No hay nada como una competición reñida para que resulte apasionante, también en el peor de los sentidos. Y es que llevamos meses con la precampaña, campaña y finalmente elecciones, una fiebre política que empieza a ser tan pesada como las navidades, pero cada cuatro años y sin que se venda en El Corte Inglés. De aquellas lluvias surgieron estos lodos, y hasta “éllos” estamos muchos y metidos en ellos también, de política no quiero hablar que se me abre la úlcera.

Es curioso porque a nivel gastrónomico también hemos vivido en los últimos años una cierta fiebre o efervescencia que afortunadamente entra en una etapa de serenidad y sentido común. En lo político es otro cantar…

Los cocineros se respetan y, aunque hay competencia, se apoyan y jamás habla mal uno de otro, aunque no todos los tres estrellas españoles tienen buena relación.

Alimentaria arranca con el importantisimo encuentro entre los más destacados segundos de cocina de los restaurantes, mostrando los quesos más interesantes de España o mostrando las nuevas innovaciones culinarias, pero desde la “serenidad y buenos alimentos”… una frase que oia yo mucho de pequeña y que en ocasiones hemos convertido en “estress y come lo que pilles” .

De la alta cocina estrambótica hemos pasado a una cocina elaborada pero equilibrada, profunda por el estudio y el trabajo de sus cocineros, pero también más reconocible, y aunque aún se experimenta con nuevas tecnologías, se tiende más a la utilización de las que hay y sirviendo ésta más como un acompañamiento que como la base de la propia cocina.

Todavia falta que los cocineros “de provincias” (es una manera de hablar de la cocina menos sofisticada) dejen de caramelizar el chorizo, pero mientras vuelven a la calma, la gente divertida con algunos aspectos de la alta cocina, reclama con insistencia elaboraciones más sencillas.

Y ya se sabe que el cliente manda, por eso el cliente dice que si de la botella le sobra la mitad quiere llevársela, el cliente dice que si come todos los días fuera de casa quiere que su dieta sea sana… claro que el cliente también pide un buen servicio y vaya usted a preguntarle a más de un camarero qué es pulpo a la gallega, pero bueno eso, como lo de la política, es una batalla aparte…

Me alegro de que en alguna medida la salsa sea una crema de patata y no un licuado de la cáscara de idem con tierra (es un ejemplo). Gaspar Rey, fundador de la revista cocinafuturo, me decia el otro día que si la comida no esta buena él no la toma, yo le decia que me ponía de mal humor si comía algo que no estaba en condiciones… pero quizá él ha alcanzado un estadio superior y ni siquiera pierde los nervios ante unos huevos estrellados mal hechos, simplemente los deja abandonados, (a mi aún me dan pena, soy una sentimental).

Coincidimos con frecuencia los que nos dedicamos a esto de la cocina, son nuestros saraos particulares donde se catan y degustan manjares en un ambiente casi siempre distinguido, algunas veces esos almuerzos o cenas son pesadísimos, otros muy divertidos, la comida suele estar bien (con matices), y la bebida suele estar aún mejor.

Les contaré algunos tics que poseen mis colegas en la mesa (incluso yo misma), normalmente prefieren la bebida a la comida, disfrutan más de un buen vino que de un buen plato, el champagne como aperitivo les encanta a pesar de que muchos se tienen que ir antes de los postres, en éstos se les ve disfrutar especialmente si son buenos. De los aperitivos aprecian más los embutidos de calidad que los canapes o tapas. Casi invariablemente aunque el menú este bien, siempre valoran negativamente un plato, o la salsa no esta lo suficientemente espesa, o la combinación de sabores no esta conseguida… en las mesas siempre se habla de comida, y aunque se intente ladear el tema, los premios, el nuevo restaurante de un chef, una fería o un plato es lo principal: no hay nada más en el mundo cuando un grupo de gastrónomos se reunen. Cuando se levantan de la mesa, casi ni se conocen… todo su universo ha terminado al finalizar la sobremesa. Sin embargo, es rara la crítica destructiva con chefs o restaurantes, tampoco entre compañeros, todos sabemos que es un mundo complicado en el que sólo “estar” ya es difícil y hay respeto. La edad media es alta, pocos gastrónomos hay jovenes, se necesita probar mucho para entender un poco, y eso se consigue con el tiempo.

Me gusta mi trabajo, soy feliz comiendo cosas ricas en cualquier lugar, también en mi casa, un trozo pan tierno con mantequilla buena o un chocolate; unas patatas con chorizo o unas sardinas… soy feliz además hablando de comida… de la cocina me gustan hasta los electrodomesticos, estudiaba cuando era una niña en la cocina, era y es mi lugar preferido de la casa. La literatura histórico-gastronómica me apasiona, los cuadros de comida, también llamados bodegones, los platos bien presentados que son como una obra de arte.

Hay una pasión en los que nos dedicamos a esto que compartimos y si tenemos suerte comunicamos, una pasión por la buena mesa… que se ve muy mejorada con una buena compañia.

Me alegro que de nuevo, tras la tempestad y las “ocurrencias” llegue la serenidad y la calma a la gastronomía, asi podremos continuar disfrutando.