Comer soñando
Los críticos gastronómicos en España no tenemos mucho éxito, quizá ningún crítico lo tiene en nuestro país; baste ver qué películas triunfan en taquilla- muchas de ellas no gustan a los críticos- tampoco los libros, la música o el arte. En definitiva, los españoles preferimos que nadie nos diga dónde tenemos que comer o qué debemos comprar. Nos gustan las guías que nos dicen dónde están los restaurantes, pero si es bueno o malo preferimos decidirlo nosotros mismos.
El que Ferrán Adriá tenga un restaurante donde no se puede ir porque esta lleno de unas temporadas a otras gusta a la gente, algo tendrá si todo el mundo va. Es como viajar a la luna, una gran experiencia que si solo pueden permitirse los “muy millonarios”, debe ser porque es la “bomba”. En definitiva, cuestiones tan importantes como comer, leer o viajar, están más condicionadas por impulsos que por una reflexión sobre lo que nos gusta o no nos gusta, sobre lo que son o no son esos lugares.
El otro día un amigo me decia que había ido a comer a Dassa Bassa, el magnifico restaurante de Darío Barrio en Madrid, y que no le habia gustado nada. Lo que imaginamos y lo que vivimos no es lo mismo, de ahí la famosa frase de Groucho Marx: “La realidad siempre nos traiciona”. El que alguien sea conocido no significa que lo que haga sea bueno (que no es el caso de Darío), pero aún asi lo consumimos.
Yo cuando viajo siempre busco una quimera, ese pequeño restaurante familiar donde aún podré probar los sabores autóctonos del lugar, pero no hay manera. Hace unos días estuve en Tenerife, la primera noche cené un cóctel: jamón, patatitas rellenas de carne, canapés imposibles… me salvó el queso; al día siguiente en el Parador tome crema de calabaza, conejo en salsa y una mousse de chocolate; la cena fué otro cóctel: esta vez aún peor, me salvaron unas batatas chip. Al día siguiente almorzamos ensalada y paella. De nuevo, nada de gastronomía autóctona. Todo estaba organizado por el Cabildo de Tenerife. La realidad siempre nos decepciona, la inteligencia de algunos organismos oficiales es un bien escaso.
Sueño con tomar platos deliciosos en un entorno magnífico, reconocer sus sabores y tener crédito en la tarjeta para poder pagarlo. Sueño con unas humildes patatas con mojo en Tenerife, un lechazo churro en Palencia o un caldo gallego en la Coruña; sueño con los sabores de cualquier sitio de España, como sueñan las familias con la cocina de sus abuelas mientras se toman una chuleta de sajonia (debieran de estar prohibidas).
Dice mi buen amigo Rafael Expósito de Sopexa que me estoy haciendo fundamentalista gastronómica, o lo que es peor, que rozo la ortorexia, quizá si, porque mientras tomo de nuevo “el indescriptible pollo con curry” en la zona business de un avión de Iberia (Sergi Arola debiera replantearse algunas cosas), sueño con una tortilla de patata jugosa con unos pimientitos, o un guisito de morcillo envolvente con zanahorias. Algo rico, por favor, y si no un plato de embutidos ibéricos, pan tierno… y fruta. La clase turista como no tiene comida, mejor para ellos: llevarse fruta y un bocadillo rico les hará ser los que mejor comen del avión.
Para quién escribo yo, me comentaba hace unas semanas José Carlos Capel en una comida, con evidente pesar. Se refería a que hay restaurantes donde se come fatal que estan llenos, él lo dice en sus críticas gastronómicas, pero nadie hace caso. Yo misma ayer lo contaba en Radio Intercontinental a Mariano Ozores (no es el actor y director, sino un gran periodista). Después de hacer un buen rato de “pepito grillo” pensé: ¿quién soy yo para decirle a la gente lo que debe comer? Quizá alguien que ve lo que otros no ven. Tal vez, la evidencia ya no nos sirve: niños con obesidad, media población con colesterol alto, etc.
Vivimos soñanado una fantasia, mientras la realidad es otra, y así con todo. Comida que no sabe a nada, restaurantes infames, libros sin calidad, musica de O.T, dietas perjudiciales y mientras consumimos lo peor, seguimos soñando con lo mejor.
Quisiera prometer que es la última vez que lo digo, pero seguro que me pillarán de nuevo volviéndolo a decir, “Comer bien es barato y fácil, y además de mantenernos sanos nos hace felices. A ver si va a ser ésto el paraíso y no nos hemos dado cuenta todavia”



Comentarios (Un comentario)
No es que vuestros comentarios no nos lleguen, sí que llegan, sí. El problema y tú en parte lo apuntas es que a veces se nos engaña, unas veces sin querer, otras con medias verdades (qué son las peores), y otras descaradamente. Luego estan los que se engañan socialmente por seguir modas y snobismo, ejemplo: EL Bullit, Arzak, etc… En cine: Titanic, la playa, etc… En música: Alejandro sanz, bisbal, etc… No digo que sean malos ¡pero …!. Particularmente me gusta cuando viajo buscar esos lugares sin tanto boato y que son conocidos por la gente normal. Preguntar a los vecinos y nos guiarán a esos templos de la gastronomía casera y económica, mas no es lo mismo decir en una reunión social he comido en el “Bullit” que en el “O Chantar”.
También te digo que algunos esperamos esos comentarios de los críticos gastronómicos de “… Y al doblar la esquina, hay un lugar de comidas, donde trás la puerta se oculta la más agradable de las sorpresas gastronómicas” , no haciendo falta que sean tostas de pan con crema de setas y trufa, ¡no!, un simple pan cocido a leña o bregao untado con tomate de muchamiel (Valencia), ajo morado de las pedroñeras, y una loncha de jamón curado al humo. Regado con un buen caldo de España - no hace falta un Vega Sicilia, ni un Lagunilla- con un vino tierra de arlanza, un tinto de toro o un blanco de rueda ¡es suficiente!.
Enviado por j.c.celada / 13 Febrero 2008, 3:37
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