La comida virtual
Se está realizando una macro encuesta desde el Ministerio de Sanidad sobre si comemos bien los españoles. Seguro que se gastarán una millonada en corroborar lo que ya sabemos muchos que nos dedicamos a esto de la gastronomía: “se come mucho y mal, la mitad de las veces fuera de casa” y, lo que es más sorprendente, como consecuencia de ello, quizá por un cierto sentimiento de culpabilidad se habla, escribe y lee mucho de comida.
Comer bien es un gran placer que cada vez se ejerce menos, como sucede con tantos otros. Vivimos la vida de los demás a través de la prensa del “corazón”, la aventura a través del cine, vivimos el deporte que otros practican a través de las retrasmisiones deportivas y ahora también cocinamos, o fantaseamos con que cocinamos a través de los programas, revistas y libros de cocina.
Uno de los libros más vendidos del momento es el del repostero y pastelero Paco Torreblanca, “La cocina dulce”, que incluye 160 postres y hasta un CD con el pastel que tomaron los Príncipes de Asturias en su boda. Que el libro es un éxito es una evidencia que corroboran las listas de ventas, pero… ¿quién de todos los que compran el libro hará y tomará esas recetas?
¿Para quién escribo yo, me decía el otro día el prestigioso crítico gastronómico José Ángel Capel? Lamentando que sus críticas gastronómicas no afectan al consumo, si estuviéramos en Estados Unidos eso sería distinto, pero aquí ya se sabe, los críticos de cualquier cosa van por un lado y los consumidores por otro.
Volviendo a la comida, nos encontramos con la paradoja de que cuanto más interesada esta la población sobre los temas alimenticios menos se cocina. El ideal virtual de un pescado en salsa, tiene su equivalente en una barritas de merluza, los gratinados al horno en una lasaña precocinada, un bocadillo de pan tierno se convierte en nuestra vida diaria en un sándwich con jamón de York envasado, lo más parecido a comida caliente que se conoce en muchas casas es la pizza, de sopas ni hablamos: todas de sobre… y mientras tanto el programa de televisión más visto es el de Arguiñano, se venden dos libros diarios de cocina y se habla constantemente de comida: en todos los programas hay cocineros. Tal vez la cocina se parezca al sexo en nuestro país: hablamos mucho y practicamos poco.
Sueño con una mermelada natural, pero consumo una envasada, mientras mantengo el sueño me compro libros para hacer mermeladas, arroces envasados, salsas envasadas, comida preparada y un largo etc.
En España estamos haciendo el camino de ida hacia el absurdo, hacia la comida más insana, cara y perjudicial posible. Ya tenemos a los niños más obesos de Europa, tardaremos años en regresar a las granjas ecológicas tan de moda en Norteamérica y mientras tanto, nuestro sueño y nuestra realidad toman distancia. Lamentablemente hemos pasado de la cocina de la abuela a la cocina inexistente. Hasta los restaurantes se han contagiado con este fenómeno, ya que ya existen franquicias de restaurantes sin cocina, todo se lleva envasado y se monta. Aún no alimentan las imágenes de comida, aún las fotos no pueden ponerse en el plato y nos conformamos con comer cualquier cosa mientras fantaseamos con la alta cocina, esa que se ha convertido en nuestra realidad virtual, esa que mueve millones de euros, esa que no existe en nuestros hogares…
Propongo cambiar la apariencia por la esencia, el estar por el ser, la reflexión por la acción. En definitiva, dejar la cocina virtual e iniciar la cocina real.
Por cierto estoy promocionando mi último libro, “Irene de Grecia” La Princesa Rebelde, ella es vegetariana y adora la cocina hindú.




Comentarios (Un comentario)
Me encanta la autocrítica, y reconozco que yo sigo siendo antiguo, muy antiguo, ya que echo de menos la comida preparada por las mujeres de mi familia ¿por qué? pues porque antes había que elegir el condumio, prepararlo el día anterior y luego la cantidad de horas que se tardaban en hacerla ( abrir el tiro, cerrar el tiro, mover el pote por toda la plancha, etc…) y que poco agradecidos que eramos. Pero un día llegaron el microondas y las vitrocerámicas, un “pis-pas” y ya está hecha. Ahora nuestro status es más alto, las familias casi ni se rozan, mas es el futuro; y la obesidad es su fruto.
Pero aún así en Valencia aún tenemos el placer de que algunos restaurantes hagan los arroces como antes, A LEÑA.
Enviado por Juan Carlos Celada Diez / 7 Noviembre 2007, 22:17
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