Otoño dorado
Las estaciones se suceden con tanta rapidez que a veces pasamos de unas a otras sin estar mentalizados, tras un verano templado llegamos a un otoño frío que hace pensar que el calentamiento global es un invento. Aunque desgraciadamente no sea así. Empecé el mes ejerciendo de jurado en el primer Premio de Bodegas Tradición para alumnos de escuelas de hostelería. El galardón se lo llevó Raquel Contador, de la Escuela de Hostelería Fuenllana con un delicioso y muy mediterráneo timbal de caballa de la huerta, la caballa a la plancha se sobreponía al tomate, la berenjena a la plancha y todo ello sobre un lecho de cebolla caramelizada, con espuma de amontillado. El postre: el mejor de todos: trufas de pera al Pedro Ximénez sobre mascarpone. El premio: tres meses de stage con Adriá y Arzak y más de 1000 € de beca. Dos cuestiones a resaltar, el entusiasmo y buen hacer de los alumnos: nueve finalistas.. y cómo de nuevo se impone la gastronomía sencilla y poco pretenciosa, sobre los que deciden que todo debe ser raro para ser bueno. También hay alumnos que quieren ser Ferrán sin pasar por la casilla de salida del conocimiento de la cocina y sus bases, pero esos son los menos…
En la mayoría de los casos, los alumnos tienen poca cultura culinaria. Dicha falta de cultura es un terrible mal de nuestro tiempo en todos los ámbitos: Historia, Literatura y Geografía son las grandes olvidadas, y lo peor es cuando uno desconoce los fundamentos de su propia profesión, como les sucede a los que no saben de dónde procede el tomate, o como llegó el café a España. Y peor aún es cuando no se tiene la curiosidad de averiguar…
El domingo pasado en el programa “Ana en Punto Radio” hablamos de los comedores escolares, ¿Por qué se da tan poca fruta en los comedores escolares? Muy sencillo, un yogur o un dulce lácteo barato viene a costar 30 céntimos, mientras que una pieza de fruta, puede hasta costar dos veces más.
La fruta y la verdura, remedio contra el hambre para los pobres durante siglos se ha convertido en un artículo de lujo, y lo peor es que también en este caso los fundamentos del sabor y la calidad están exentos de la mayor parte de las frutas que se venden: vienen de muy lejos, y están demasiado tiempo en las cámaras.
Esto me recuerda una nueva normativa que se intenta implantar en Inglaterra, se pretende poner en las etiquetas la cantidad de gases de efecto invernadero que el alimento en su producción y posterior traslado hasta el consumidor llega a producir. Los ecologistas tendrán que tener en cuenta que una naranja procedente de Uruguay produce más contaminación que un coche, porque trasladarla durante días es costoso, también a nivel energético, y no sólo el traslado influye, si no también las técnicas de producción, un invernadero es mucho menos ecológico que la cosecha normal.
El producto más ecológico es el que se cultiva cerca del consumidor y se toma cuando realmente el clima y la tierra están preparados para producirlo y el hombre que lo habita para consumirlo. Pero eso también se desconoce…
¡Con la comida no se juega! me decían cuando era una niña, y me pregunto si no sería mejor jugar con ella que desconocer todo sobre lo que comemos, quizás hemos alejado demasiado a nuestros hijos de su alimento y ellos ahora no valoran lo que se comen, ni como se come. Y lo que es peor ya no recuerdan a que sabe, ni aciertan a imaginar como podría llegar a ser. Es como el cielo nocturno en las grandes ciudades, ¿quién lo echa de menos? Los que nunca lo han visto, ya no. ¿Se puede vivir sin estrellas, se puede vivir sin auténticos tomates? Seguramente si, pero no es lo mismo…
Me aferro a las uvas, a las castañas, a esas maravillosas setas que salen por doquier en todos los bosques, me aferro a este otoño dorado espléndido de sabores… ¿cuanto durará? No lo sé, pero no seré yo quien deje la oportunidad de saborearlo hasta la última gota.




Comentarios (Un comentario)
Me parece bien la forma de explicar que pese a la globalización, debemos alimentarnos con los productos de la época, aúnque eso no es obice para no limitarnos en darnos un placer. El placer de la alimentación se incrementa con el conocimiento del producto y su procedencia, de su preparación incluso cuando sea en nuestra propia casa ya que del estado en que se encuentre el o la cociner@ influye en el resultado. Se puede disfrutar de un turismo gastronómico el cual puede ser tan instructivo como el turismo cultural pues al fin y a la postre no deja de ser una parte de la cultura. Y en cuanto a los postres lacteos nos es más fácil para algunos padres porque es más rápido, y para los colegios por economía ya que no se les pasa la fruta (rentabilidad).
Enviado por Juan Carlos Celada Diez / 4 Noviembre 2007, 4:31
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