Que viene la crisis


Durante estas últimas semanas he estado terminando mi último libro: “Comer Bien en Palencia”, para ello he tenido que viajar por la capital y toda la provincia buscando restaurantes interesantes dónde se coma bien a precios no excesivos. La mayoría de las guías ofrecen los mejores restaurantes, y aunque no siempre, éstos suelen ser los caros, en resumidas cuentas de 40 a 60 euros promedio dos platos y postre de la carta. Como siempre he sido familia y cartera de los que me acompañan, yo siempre multiplico por cuatro cualquier precio en un restaurante y me encuentro en ocasiones con cifras desorbitadas. Algunos dicen que es por el cambio de las pesetas a los euros, otros porque se vive mejor y los sueldos son más altos, el caso es que los precios de la hostelería se han disparado, y lo digo sin rubor.

Restaurante sencillo, menú del día con elección de dos o tres platos como primeros, otros tantos para los segundos y un par de postres, precio medio doce euros en gran parte de los restaurantes españoles. Y no quiero pasar por trasnochada, pero doce euros son casi dos mil pesetas, el doble de lo que costaba el menú del día hace tres o cuatro años. ¿Ha subido el doble el sueldo? El 10% del gasto de las familias en comida lo hacemos en restaurantes. ¿La razón? No podemos comer en casa porque no da tiempo a ir al hogar y regresar al trabajo. Quizá sea esa creciente demanda la que provoca una subida tan injustificada de los precios de los restaurantes.

Comer por diez mil de las anteriores pesetas un primero, un segundo y un postre es una barbaridad: ni se justifica por la compra de los productos, ni por la mano de obra, ni por el establecimiento. No me extraña que muchos restaurantes abran en la actualidad como si fueran una oficina: de lunes a viernes.

El poder adquisitivo baja a causa de la subida en la cuota que cada mes pagamos por las hipotecas y me pregunto si podremos seguir manteniendo el ritmo, si podremos pagar más que ningún europeo por la telefonía, la energía, la vivienda… con estos sueldos. Somos quijotes, héroes del día a día, pero… ¿no seremos también un poco inconscientes? ¿Hasta donde podremos llegar?

Estoy terminando una guía la de Palencia que espero que tenga el sentido común de considerar comer bien no solo la elegancia de la vajilla o la originalidad de la receta, sino también la relación calidad-precio, porque por muy bien servido que nos pongan un revuelto, son dos huevos y un tercer o cuarto elemento: no es caviar iraní, y cuesta lo que cuesta, incluso aunque se prepare bien, prepararlo bien debiera ser lo que menos cueste.

En definitiva pienso que vamos a tener un otoño-invierno caliente, y que de algunas parras deben bajarse algunos fantasmas… Y esto también va por algunos restaurantes de alta cocina, porque al final esos ejecutivos que comen en esos restaurantes a precios astronómicos ponen en sus cuentas de gastos esas facturas y finalmente los repercuten en los precios de los productos que venden. En definitiva, somos todos los que pagamos las grandes comidas de las grandes empresas a precios millonarios.

Se quiere educar para la ciudadanía pero a nadie le interesa educar en el consumo responsable, tal vez sería mejor comer melones de nuestro pueblo en temporada que comprar naranjas de Sudáfrica en el mes de septiembre. Y si empiezo no paro…

No sé si podremos decirles a algunos que basta, tal vez nos castiguen con taza y media, como han hecho las empresas de parquines con sus subidas escandalosas porque ahora solo pueden cobrar por minutos, pero algo debemos de empezar a hacer. Yo pondré mi granito de arena incluyendo en la guía que estoy elaborando aquellos restaurantes económicos que dan de comer bien, para que todo el mundo se pueda comer un chuleton como el que tomé yo ayer en “La Herrada” (Palencia), con primero y postre y chupitos y café, y vino y sobre todo muchísima amabilidad… por 20 € por persona. Se puede si se quiere. Que empiecen a tomar nota… porque llega la crisis.

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