Como un explorador


Tras viajar durante varios veranos a hoteles con todo incluido (incluso la capacidad de pensar y decidir), este año he optado por el espíritu de aventura y exploración y he viajado durante dos semanas por el norte de España, partiendo de Madrid, continuando por Cantabria, Asturias, toda la costa gallega, Zamora y finalmente de regreso a la capital del Reino, en eso que se da en llamar el viaje perfecto, que dicen siempre es circular. Un viaje que se inicia mucho antes de la partida, justo cuando lo sueñas y que termina mucho antes de la llegada, cuando las espectativas tocan su fin y te das cuenta que de nuevo la aventura se ha acabado, aunque a mí, que no soy conductora vocacional, hacer cientos de kilómetros y regresar sana y salva ya me parece un triunfo. Del viaje daré cuenta en “un diario muy gastronómico” que incluiré en breve en el blog, sin embargo queda una reflexión que quisiera compartir con todos ustedes desde aquí mismo. ¡Qué hermosas son las “carreteras secundarias”! (en el sentido metafórico), en ellas puedes encontrar desde heladerías ambulantes como “La Polar”, una furgoneta abierta que va por toda Cantabria vendiendo helados, queseros tradicionales que te enseñan sus ovejas (las cuales viven como reinas) como la de Vicente Pastor en Zamora, escanciadores automáticos al pie de un puerto idílico como el de Tazones, puedes descubrir en marea baja la playa de las Catedrales, toda una obra de arte de la naturaleza y junto a ella otra obra de arte la de la panadería: O panadeiro (panadería ambulante) que en primera línea de playa vende empanadas y panes gallegos extraordinarios. Ir donde no llegan las grandes operadoras turísticas es una maravilla difícil de explicar para aquellos que llevan años viajando al mismo lugar de la misma forma. La sensación de libertad de coger el coche cuando quieras e ir donde te apetezca, buscar un lugar recóndito para dormir (aún quedan), si no lo encuentras también sirve el coche, o visitar a unos amigos, aquí y allá: Pepiño, Olga, Carmen, Alberto, Irene, Concha, Cristina… ver como viven, como sienten, como comen, aquí y allá, no es comparable a pasar siete días en un hotel donde la comida es igual en todas partes, donde en realidad no profundizas en el lugar donde has ido, es todo más cómodo, como una autopista, pero menos real. Muchas veces en los viajes he tenido la sensación, viendo esos pueblos en la lejanía, de que me perdía lo mejor, entrar allí y perderse en cualquier parte, no es ese el espíritu del viajero, con sus sorpresas, adversidades, incomodidades, pero es la llegada a un lugar y la búsqueda de su conocimiento lo que nos produce placer, a mi al menos sí. Me emociono cuando adquiero un producto que allí y sólo allí esta, me emociono cuando hablo con una persona que me cuenta las peculiaridades de allí y sólo allí, como la historia de “la rebelión de la trucha”

Cuando viajé a Sao Paulo en junio pensaba: “Esta ciudad esta muy bien, pero yo lo que quiero es conocer Zamora”, y después de haberlo hecho estos días, me ratifico, la hierba no crece más verde en la otra orilla. Ya lo decía Santi Santamaría: “Me da vergüenza acabar de descubrir una borraja de Oropesa (Toledo)” –en alusión a la obsesión de algunos cocineros de importar productos de oriente para sus restaurantes. Viajemos también hacia el interior en todos los sentidos, por esas carreteras pequeñas y a la vez hermosas, por esos bares y lugares en los que aún tienes la sensación de ser un explorador, porque aún te sorprendes, te admiras y te reconcilias con tus raíces. Ah, y felices vacaciones.

Comentarios (Un comentario)

El círculo es la perfección en todos los sentidos, ya que representa el regreso.

Enviado por j.c.celada / 13 Febrero 2008, 4:33

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