El Éxito en el Camino


Parece que fue ayer cuando les contaba a todos ustedes que el mes de marzo es para mi como la propia primavera, incierto aunque estimulante, en parte porque nunca sé cuánto voy a percibir de derechos de autor (que me los pagan este mes), y en parte también porque ya en este tercer mes del año me doy cuenta que los planes que siempre me hago a principios de año son inviables. Ya saben, eso de trabajar menos y ganar más: misión imposible.

Y como diría un entusiasta: para qué quiero trabajar menos con lo bien que me lo paso, y es cierto, disfruto mucho con mi trabajo: estoy haciendo una serie de entrevistas a cocineros para la revista Lecturas: Martín Berasategui: un encanto; Ferrán Adriá: un genio; Carme Ruscadella: ¡Un portento! y sobre todo tan sencillos, tan amables y tan humildes. Están a la cabeza de la gastronomía mundial y se apoyan, se admiran y colaboran juntos, gracias a esa actitud, más que incluso a su más que sobrado talento, están consiguiendo sus impresionantes logros, como dice Joan Roca, van por el mundo como si fueran los Rolling de gira, Ferrán a la cabeza y sin embargo todavía hoy se llaman por teléfono para despejar dudas culinarias, o quedan por la noche para tomarse unos gin-tonic, al parecer la bebida de los cocineros en las juergas. Ya me gustaría a mí que otros colectivos funcionaran igual… de los políticos ni hablo.

También estoy pasándolo muy bien haciendo “La cocina de los famosos” para Lecturas. La verdad es que nuestros personajes populares cocinan regular, les gusta comer bien, eso sí, pero se ponen poco a los fogones, en parte porque no tienen tiempo, pero también porque su nivel económico les permite tener personas que se ocupe de esos menesteres. Hay como es lógico notables  excepciones: la actriz Concha Cuetos cocina de maravilla por ejemplo, Ramón García o Inmanol Arias también, y desde luego de las que conozco Ana García Lozano es una de las que mejor lo hace, además se le nota que disfruta cocinando, tenemos un libro pendiente, que haremos muy pronto…

Con los libros la cosa cambia, me gusta tener la idea, planificarlos, me gusta la investigación, pero luego llegan esos larguísimos meses, con sus días llenos de horas sentada frente al ordenador, y parece que no acabas nunca, hasta que un día has terminado y recuperas tu vida, porque no sé otros escritores pero yo cuando estoy con un libro no puedo hacer ninguna otra cosa.

Lo más divertido de todo para mí es la radio; estoy disfrutando tanto en el programa de Ana en Punto Radio, que voy feliz y contenta cada domingo por la mañana para hablar de cocina. Además, como a todo el equipo (Inés, Nadia, Pilar y Gonzalo) les gusta tanto la gastronomía como a la propia Ana, estoy encantada, ya que me tienen en palmitas.

Es un privilegio sin duda trabajar en lo que a uno le gusta, aunque sean muchas horas, aunque no siempre la remuneración sea adecuada, aunque se tengan problemas, pero al final haces lo que te gusta y conviertes tu vocación en tu modo de vida: no te pesan los domingos de trabajo, la incertidumbre laboral, ni las jornadas extenuantes, es pura felicidad cuando comunicas a otros lo que sientes, lo que te interesa, lo que te apasiona.

Dicen de mí que tengo voz de hambre, y no es que siempre la tenga pero ¡me gusta tanto comer! cosas ricas y sencillas.

Marzo es para mi el mes de la reflexión, el mes del tránsito, el mes de la alegría por la luz, por la inquietud de todo lo que viviré el próximo verano, también en lo gastronómico: dejo el horno y abrazo una nueva cocina repleta de  ensaladas,  fruta, pistos,  cócteles… me dejo llevar por el color de las incipientes fresas, de los caquís, del verde intenso de los espárragos, de la achicoria roja, de la escarola… en fin me dejo llevar por la primavera y por la alegría de vivir y de disfrutar de la vida.

La esperanza de vida de los españoles es cada vez más alta, los europeos piensan en un único país para retirarse en su vejez: España. No me extraña nada, baste mirar por la ventana y ver en las terrazas a la gente, los restaurantes, los bares de tapas, gente paseando con un rico helado, baste ver los mercados, las señoras hablando de sus recetas, los jóvenes cada vez más interesada por cocinar cosas ricas… ya sólo falta que se den clase de cocina a los niños y mi felicidad será completa.

Siempre procuro exprimir la vida al máximo, como esa última gota de la naranja que apuramos para el zumo,  porque el verdadero éxito no está en el destino, sino en el camino, y en el mío hay entre otros grandes placeres uno diario y maravilloso: la comida.

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