Cuando el dedo señala la luna, el tonto mira el dedo… ¿y por qué no?
Cuando regresé el año pasado de vacaciones decidí que mi vida debía cambiar, que tenía que bajar el ritmo: trabajar menos, disfrutar más de mis amigos, de mi familia, pasear, ir a ver museos y todos esos buenos propósitos que nos proponemos en septiembre, a la vuelta de esa vida idílica y relajada que solemos mantener en vacaciones. Ha sido tanto el esfuerzo por intentar bajar el ritmo, que en parte estoy agotada por intentar dejar de estarlo. Sé que parece un lío y posiblemente lo es, pero cuántas veces intentamos cambiar, dejar de actuar como lo hacemos y no lo conseguimos. ¿Será falta de disciplina? ¿Será falta de voluntad? O tal vez será una inercia que está por encima de nosotros mismos, o quizá al margen de nosotros mismos. ¿Y si yo quiero cambiar de vida, pero esa vida no quiere cambiar de mí? El caso es que sigo corriendo como el conejito de Alicia en el país de las maravillas, siempre con mucha prisa, y sin saber del todo a donde va.
Filosofías aparte, arrancamos febrero con Fitur, la Feria del turismo que se celebra en Madrid, según uno de sus directivos, el viaje alrededor del mundo más barato posible sólo 7 €, me parece un análisis curioso. Me recuerda a esta especie de democracia por lo bajo a la que hemos llegado en tantos aspectos, todos podemos hacer todo ¿a qué precio? y no me refiero al económico: todos podemos comer angulas, caviar, jamón, Lubina pero en realidad, ni viajamos al mundo, ni son angulas, ni es caviar, ni es jamón del rico. Todo empezó con el pollo, delicioso manjar que se tomaba los domingos y fiestas especiales, asado con patatas y ensalada, ya lo dice la canción: “Buen menú, buen menú, señor”. El pollo se democratizó y se convirtió en la proteína del pobre con sabor a nada de efectos secundarios inquietantes, después llegaron los pescados de piscifactoría, un día el prohibitivo salmón se convirtió en accesible, con el precio por los suelos llegó la recomendación: no tomar más de un par de raciones al mes. ¿La razón? Incierta, como el resto de las cuestiones de seguridad alimentaría en nuestro país. Seguiría con el jamón cocido, llamado eufemísticamente por algunos fiambre de jamón, seguiría con los huevos, etc.
Ahora estamos en un punto en el que nada es lo que parece, y para que tenga las propiedades nutricionales que tenía hace veinte años se le añaden omega 3, vitaminas, calcio… eso sí, los productos ahora son mucho más caros.
Y entre tanto nos bombardean con publicidad sobre la estrategia Naos, que como supongo ustedes sabrán es una campaña del Ministerio de Sanidad para que comamos mejor, sobre todo los niños, de forma más equilibrada, haciendo hincapié en los desayunos, etc. Insisten en que tomemos poca bollería industrial, ¿y si es tan mala porque permiten que se fabrique?, nos dicen que tomemos mucha fruta y verdura, y pregunto cómo es posible que sea tan cara en la actualidad, por qué no velan porque no se multiplique por cinco el precio de algunas hortalizas y frutas para que todo el mundo tenga acceso a ellas, me pregunto ¿por qué están tan preocupados por la publicidad de los restaurantes baratos y no de la calidad de algunos alimentos preparados como por ejemplo las pizzas?
En fin, ya lo ven ustedes, para mí todo son preguntas, el dedo señala el problema pero todos vemos el dedo, será por lo de la inercia, sobrevivir ahora como hace siglos, también en lo alimentario es el objetivo. Muchos tienen teorías, pero el que vive el día a día gastando la mayor parte de su tiempo en el trabajo y el transporte, apenas tiene tiempo para nada y tampoco para la cocina, y cuando hablo de tiempo me refiero también al tiempo psicológico, al tiempo de pensar, al tiempo de reflexionar: quizá los señores del Ministerio y por supuesto “la señora”, en esto como en tantas cosas (lo del vino merece mención a parte) debieran de dejar de prohibir como si estuvieramos en un colegio, e ir a la raíz de los problemas, lo que requiere compromiso, inteligencia y esfuerzo, y lo que es peor (para ellos): no salir constantemente en la foto.



Comentarios (2 comentarios)
Me ha encantado lo que dices. Y te encuentro muy interesante. No es fácil lo que te propones pero vale la pena intentarlo, me parece. Y creo que no soy de los que se queda mirando el dedo; sobretodo porque me encanta la luna.
Enviado por jorge / 18 enero 2008, 1:20
Yo también pienso que hay que buscar la raíz de los problemas (intermediarios, impuestos), solucionarlos en la medida de lo posible (comprar a distribuidores en vez de establecimiento final), exigir soluciones reales (basta de prohibiciones absurdas e inútiles “medidas sociales” -estoy de lo “social” hasta la coronilla-) y sobre todo pensar.
La referencia al proverbio chino no me gusta, porque muchas veces el que parece tonto y “se queda mirando”, aunque el dedo, en realidad puede tener pensamientos más profundos o recordar o inspirarse en cosas más hermosas que la luna. Recordemos que mucha gente que hoy es tenida por sabia, como Galileo o Albert Einstein, “se quedaban mirando”, aparentemente como “tontos”, y eran mucho más sabios que la mayoría de la gente. (De hecho Galileo se salvó de un proceso considerablemente difícil, similar al que supuso la muerte de Sócrates)
Enviado por Sigfried / 9 enero 2009, 11:24
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