Año nuevo, vida nueva… ¿o no?
Dice Manuel Vicent en su último libro “Comer y beber bien” (Alfaguara), delicioso de principio a fin, que a él la fruta le gusta tomarla de temporada: el frutero rebosante de fresas en primavera o naranjas en invierno es lo que le estimula. A mí me sucede igual, pero en mi caso, no se muy bien si por efecto de los estragos de las Fiestas Navideñas, me cuesta ver en los supermercados diferencia entre las estaciones, y por tanto, dentro de esos recintos gigantescos sin luz natural nada me huele o sabe diferente. En algunos casos, viendo como reponen los alimentos, como los tiran como maletas viejas en cajas, me pregunto hasta dónde hemos llegado en la denigración y degradación de la comida.
Es cierto que hay más cantidad y posiblemente más alimento para todos, pero… ¿y la calidad?, ¿es que a nadie le importa?… El otro día, hipnotizada por la corriente consumista, compré fresas (iba a hacer una fondue de chocolate), al final no encontré el chocolate como lo quería y tuvimos la desgracia de tomarnos las fresas al natural: aquello no sabía a nada. Lo único espectacular de este fruto en Enero es su precio, todo lo demás nos lleva a la triste conclusión de que es más de lo mismo.
Mi amiga Poli de Gavilanes, un bello pueblo de la sierra de Gredos, me regaló el otro día unas patatas y, pelándolas, me di cuenta de que manchaban. Me recordaron a patatas que ya no recordaba, las de mi juventud, con un suave toque morado, crujientes, consistentes y de tamaño medio… las tuve que lavar bajo el grifo con agua fría y me sentí feliz, porque hacía tanto tiempo que no veía patatas de verdad… La mala noticia es que en el mismo pueblo apenas se pueden conseguir ya huevos frescos, la gente ya no quiere tener gallinas.
En todo esto me ha llegado la factura de la sección de Gourmet del Corte Inglés, el otro día me lié la manta a la cabeza y compré algunas cosas que pensaba eran delicatessen, y en fin… los alimentos comprados en lugares sofisticados a precios astronómicos ni se le acerca en calidad a lo que todavía hay en algunos pueblos en relación con los alimentos. Recuerdo en este instante el cuento del hombre que estaba pescando en un río y lo dejó todo y se fue a la ciudad, trabajó muchas horas, durante muchos años, cuando era muy viejecito, regresó a su pueblo, y cumplió su gran anhelo: pescar tranquilamente. ¿Tenemos que ser multimillonarios para comer (que es lo más esencial de todo) tan sano y rico como cuando éramos pobres? Algo no esta funcionando. ¿Ustedes que opinan?
Algunos nos estamos desgañitando de decirlo: volvamos al sentido común, volvamos a los alimentos sencillos, comamos productos naturales y de temporada, en cantidades prudentes (se tira muchísima comida), preparemos en casa los dulces (en vez de tener catorce bolsas de pastelería industrial que al final se desechan), hay alternativas muy interesantes para comprar los productos (sobre todo agrícolas) directamente al productor por ejemplo las naranjas: www.lamejornaranja.com, en muchísimos barrios se están creando asociaciones cooperativas para vender una vez a la semana productos (sin intermediarios) perfectamente autorizados por Sanidad. Los agricultores no ganan para vivir; cuando nadie trabaje la tierra… ¿Qué comeremos?
Tenemos que cambiar las cosas, por nuestra salud, por la de nuestros hijos (España es el segundo país europeo que mayor tasa de obesidad infantil tiene), por nuestra felicidad: comer alimentos ricos es un auténtico placer, y también por nuestra economía: es mucho más barato aprovechar los alimentos de temporada y hacer conservas, que comprarlas hechas, y más divertido que ver la tele, y más participativo porque lo podemos hacer con nuestros hijos, con nuestra pareja, y más todo.
¡Por favor! Si de nuevo nos planteamos, los mejores propósitos para el 2007 (aprender inglés, ir al gimnasio, hacer un curso de jardinería…), por qué no nos proponemos comer mejor, gastar menos y disfrutar más.
¡Ah! y no os olvidéis de los mercados de barrio, algunos todavía son auténticos.
Por cierto, Feliz Año y gracias a todas las personas que me siguen en Punto Radio, “El programa de Ana en Punto Radio” y también en “La Cocina de los Famosos” de Lecturas y en especial a todos los que han comprado mi libro “Los secretos de la Cocina del Vaticano” (que está gustando mucho, ¡menos mal!), agrandeciéndoos vuestra aportación a todos los que me habeís escrito para darme vuestra opinión o habeis aportado comentarios en las páginas de esta, vuestra Web.




Comentarios (3 comentarios)
Tienes razón, se ha perdido el sentido común y no sabemos comer de una forma natural. Como no se vuelva a trabajar los campos y de una manera ecológica no se podrá disfrutar de la comida auténtica.
Te he escuchado en un programa de la emisora catalana RAC1. Me ha gustado saber que con la cocina del Vaticano podemos disfrutar de la mayoría de recetas que existen por el mundo.
Muchas gracias, ya que me gustan las personas que disfrutan con el trabajo que hacen.
Enviado por Carles / 6 Enero 2007, 10:51
Aún recuerdo el sabor de los tomates de Villa del Prado.
Aún recuerdo cuando yo, gérmen de gourmet , detectaba entre ellos un tomate insípido de cultivo intensivo holandes. Cicateramente usado por el restaurador en busca del beneficio fácil.
Ahora me sorprendo cuando yo, maduro gourmet, detecto un tomate de Villa del Prado, usado por un chef de renombre en un plato de exorbitante precio.
Y mientras tanto, intento encontrar la aguja del tomate de Villa del Prrado en el pajar de tomates vulgares de mi mercadillo de fruta y verdura.
En los hiper ni lo intento.
Saludos de newbie
Es nuestro sino en estos tiempos
Enviado por Jaime / 14 Enero 2007, 18:40
Jaime, intentalo en los supermercados del El corte ingles…. te sorprenderas…. solo de mayo a octubre.
Enviado por calandraka / 2 Marzo 2007, 19:06
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