En Marzo… permítanme hablar de otra cosa
Para los escritores Marzo es el mes de la esperanza, y digo esto porque es Marzo el mes en el que los escritores recibimos la liquidación de nuestros derechos de autor del año anterior… Recuerdo que hubo un año con el libro de “La Cocina de la Casa de Alba” en el que me sorprendí muy gratamente, gran liquidación para mis costumbres y el sueño, ya olvidado, de que podría vivir tan sólo con poder escribir estupendos y muy elaborados libros. La incertidumbre es estimulante, en esa medida se agradece la espera, pero un resquemor interno me dice que como siempre las cuentas no me saldrán y no comprenderé, una vez más, porque en un mercado potencial de cincuenta millones de personas -la población española- los libros, y sólo los libros, apenas se venden.Dice un editor amigo mio que solo se venden los libros de las personas que salen en la tele, y es tanto el amor que siento por la literatura que a veces he fantaseado con la idea de ir a un programa de televisión y hacerme famosa para así vender libros que tardo en hacer años y, en consecuencia, solo dedicarme a eso. No deja de ser paradójico que para ser escritor haya que ser profesor de universidad, empresario o simplemente famoso. Es como si para ser fontanero hubiera que ser electricista, y así hasta el infinito. No me quejo, solo comparto con ustedes una reflexión. El autor gana un 7% del precio final de un libro, sólo nos redime que a agricultores, pescadores o artesanos les ocurre lo mismo: ganan una ínfima parte del dinero que generan, lo demás se lo quedan avispados intermediarios, que desde sus despachos mueven los hilos de una economía que devasta todo a su paso menos sus cuentas corrientes. Ahora recuerdo la desgarradora situación de los campesinos centroamericanos con el café, ya ni les merece la pena recolectarlo, tres o cuatro multinacionales marcan el precio y ellos mueren de hambre.
En un mercadillo en la costa malagueña compraba yo naranjas hace unos días, el vendedor ante mis reticencias, mientras habría una de las naranjas, me decía ¿que tienen estas naranjas señora? No son tan bonitas como otras porque no las ponen cera, pero son mucho mejores Acerqué mi nariz al fruto cortado por la mitad y una oleada de intenso olor a naranja entro en mi cerebro, ¡qué maravilla! Cuanto tiempo sin oler algo tan delicioso… Me disculpé humildemente y recordé que lo auténtico no tiene porque ser vistoso, y que es cierto que la calidad del producto se solapa y enmascara con ceras y envoltorios. Eso me lleva a las fresas que he visto durante todo el invierno en las fruterías, bellezas frías e insípidas a precios astronómicos. Confío en que ahora que empieza la temporada los impacientes consumidores degusten las verdaderas y no se olviden de su auténtico sabor.
Escritores -mejores o peores, pero escritores al fin y al cabo- pasando hambre, famosillos que han saltado a la palestra únicamente por sus relaciones sexuales escribiendo libros que se venden bastante bien, campesinos al borde del abismo, frutas que no saben a nada con aspecto saludable… todo forma parte de un mundo enrarecido y absurdo. La esencia de la vida ninguneada en beneficio de lo superfluo… y no es que tenga un mal día, es que el mes de Marzo me produce escalofríos, ya saben porqué, por lo de la liquidación de derechos de autor…. que siempre me da vértigo.




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